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lunes 15 de febrero de 2010

A veces me gustaría que mi corazón fuera más fuerte,
Que aguantara los avatares de la vida como la caja negra de un avión.
Me gustaría que mi corazón fuera de hierro forjado, no, mejor aún, de acero, de acero inoxidable por el paso del tiempo, por el paso de la pena, por el paso de las lágrimas.
Me gustaría que mi corazón fuera duro, que latiera con fuerza, con decisión, con ganas…
Que cualquier cosa que ocurriera se la tragara entre sístole y diástole, que se la pasara por el forro de la aorta…
Me gustaría que mi corazón rugiera de alegría y se llenara de pinchos como un erizo cuando intentaran herirlo.
Me gustaría tener un corazón sin grietas, un corazón al que no le falten pedazos ajenos, que se renovara a sí mismo con cada latido.
Que marcara el ritmo de mi vida constante, acompasado, sin prisa, sin pausa, a su ritmo, al mío...al nuestro.
Me gustaría tener un corazón que no se rompiera en mil pedazos por cada golpe que tú le des…
No quiero un corazón que tiembla, quiero un corazón que lata (que no, de lata)… y que no de la lata.

Texto by Pulgacroft.
Foto by Google.

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